Berlín y Ámsterdam bloquean la propuesta de Sánchez para elevar el presupuesto comunitario 2028-2034

En una cumbre celebrada en Nicosia, los dirigentes europeos han abordado la negociación del marco presupuestario comunitario para 2028-2034, con la intención de cerrar un acuerdo antes de que termine el año. La reunión informal ha puesto al descubierto las profundas divergencias entre las capitales miembros sobre el volumen de gasto que debe comprometer la Unión Europea.
Alemania y Países Bajos mantienen una posición firme de rechazo a cualquier incremento sobre la propuesta inicial de la Comisión Europea. Rob Jetten, primer ministro neerlandés, ha tachado de "absolutamente inaceptables" las cuentas presentadas, criticando tanto la magnitud presupuestaria como las aportaciones que deberían realizar los Estados miembros. Jetten también ha señalado la ausencia de un marco financiero plurianual modernizado y ha alertado de que determinadas iniciativas podrían afectar negativamente a la competitividad del continente.
Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz se ha pronunciado en contra de expandir el presupuesto más allá de lo planteado inicialmente. Merz ha subrayado que las nuevas prioridades deben abordarse "sin aumentar el endeudamiento ni emitir eurobonos", argumentando que "Europa debe avanzar con los recursos disponibles" y que es preciso reducir inversión en otros capítulos.
Esta postura conservadora contrasta notablemente con la estrategia del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien reclama un presupuesto que atienda las necesidades estratégicas de la Unión, particularmente la transición ecológica y digital.
La propuesta de Bruselas, presentada durante el verano, fija un límite de gasto del 1,26% del PIB. España demanda elevar este umbral hasta al menos el 2%, duplicando prácticamente la cifra establecida por la Comisión.
El debate que debería haberse celebrado en el Consejo Europeo de marzo ha sido retomado ahora en Nicosia. Nikos Christodoulides, presidente de Chipre, se ha comprometido a presentar una contrapropuesta en la reunión formal de junio. Las delegaciones reconocen la importancia de contar con recursos adecuados para las nuevas prioridades europeas, pero las fracturas sobre el alcance final del presupuesto permanecen sin resolver. La meta es alcanzar un consenso antes de finalizar el año para garantizar que el marco esté operativo en 2028.
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