Isabel San Sebastián: "Presenciamos el colapso de un mundo"

La novelista, periodista y voraz lectora utiliza la ficción histórica como vehículo para reflexionar sobre cuestiones contemporáneas. En diálogo con la prensa, aborda temas de prejuicio, libertad intelectual y la erosión de la profundidad en la conversación pública. Sostiene que la historia debe interpretarse en su contexto propio, nunca bajo el lente de las preocupaciones actuales, y que la literatura trasciende el mero entretenimiento al expandir perspectivas y fortalecer el criterio.
Su más reciente obra cierra un capítulo crucial de su ambiciosa saga, que busca novelar ocho siglos de historia. En esta ocasión, la batalla de las Navas de Tolosa constituye el eje narrativo. Al respecto, San Sebastián señala que este enfrentamiento marca un punto de inflexión decisivo: representa el inicio del declive definitivo de la presencia islámica en la península y la consolidación del dominio cristiano. De no haber ocurrido este evento y sus consecuencias, afirma, España habría seguido un camino radicalmente distinto, asemejándose quizás a Túnez o Marruecos, pero ciertamente no habría llegado a formar parte del mundo occidental, democrático e integrado en la Unión Europea.
El protagonista, Beltrán López de Cazorla, encarna la superación personal y la refutación de estereotipos. La autora explica que eligió a este personaje precisamente porque desafía los prejuicios convencionales: no posee los atributos que su época demandaba, pero logra triunfar mediante caminos alternativos. Esta construcción literaria ilustra una verdad más amplia: los prejuicios implantados desde la infancia carecen de fundamento, y todos poseen capacidad de transformación.
San Sebastián enfatiza que su investigación reveló la complejidad del período medieval. No todos los musulmanes eran iguales: los andalusíes diferían significativamente de los almohades que invadieron desde África. Estos últimos, sostiene, funcionaban como el equivalente histórico del ISIS contemporáneo, infligiendo terror incluso a la población musulmana local. Esta matización enriquece la narrativa, evitando simplificaciones maniqueas. A través de una protagonista femenina musulmana, la novela explora cómo ciertos grupos fueron víctimas de múltiples fuerzas, mientras que valores como el amor y la lealtad prevalecen.
Respecto a la tensión entre rigor histórico y libertad creativa, la autora es categórica: los hechos son inviolables y no deben manipularse para conformarse a lo políticamente correcto. Sin embargo, donde el registro histórico presenta vacíos, la imaginación narrativa puede operar legítimamente. En su obra, los hechos militares son históricos aunque novelados, pero la trama sobre el regreso de las campanas de Santiago —que Almanzor transportó a Córdoba— se construye sobre un silencio histórico que ella rellena con creatividad.
La investigación constituye un aspecto fundamental de su proceso creativo. Visitó los escenarios históricos, recorrió el Camino Mozárabe y viajó múltiples veces a Córdoba. No obstante, afirma que la documentación, aunque importante, no es lo esencial. La verdadera dificultad radica en transformar episodios históricos en narrativa cautivadora que emocione al lector.
San Sebastián observa con preocupación el empobrecimiento del diálogo cultural español. Las conversaciones políticas, ideológicas y culturales se han vuelto más superficiales y esquemáticas. El lenguaje literario sufre la influencia de las series televisivas, donde todo debe ser inmediato, visual y fácilmente interpretable. Esta tendencia erosiona los matices y la riqueza lingüística del castellano. Ella persevera en la lectura voraz e intenta que sus textos ofrezcan al lector tanto una trama envolvente como una prosa cuidada.
La literatura, en su perspectiva, representa libertad. La capacidad de leer profundamente, de reflexionar mediante el ensayo, distingue a la literatura del periodismo o las redes sociales. Referencia el ensayo de Alessandro Baricco sobre la tendencia contemporánea a deslizarse por la realidad sin profundizar, lo que erosiona el pensamiento crítico y, por tanto, la libertad genuina. La cultura y la literatura deberían cultivar la libertad mediante el crecimiento interior.
Vincula la superficialidad con una corrosión de valores fundamentales. Sin profundidad de convicción, resulta arduo sostener principios como la honestidad, la autenticidad o la valentía. La libertad no es mera permisividad, sino ejercicio consciente de derechos y responsabilidades.
Ante la pregunta sobre figuras políticas como Trump y Pedro Sánchez, San Sebastián diagnostica una crisis profunda. Presencia, en cierto sentido, el colapso del orden mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial: un sistema de valores, libertades y democracia que se desmorona. El mundo actual se caracteriza por polarización extrema, donde el poder recae en quienes están dispuestos a transgredir límites éticos. En el escenario global, Trump encabeza la primera potencia; Putin, la otra. En España, un presidente enfrenta innumerables acusaciones de corrupción sin consecuencias aparentes. Incluso la Unión Europea, que para su generación representó esperanza, se ha convertido en una estructura cada vez más disfuncional. Esta desintegración le inquieta profundamente, especialmente pensando en las futuras generaciones.
En su tiempo personal, disfruta principalmente de la compañía de sus nietos. Dedica considerable energía a la lectura y la escritura. Recientemente leyó obras de Nieves Muñoz y releyó clásicos, además de explorar narrativa estadounidense contemporánea. Pasea regularmente con su perro. La televisión ocupa un lugar marginal en su rutina, reservada para momentos de agotamiento tras intensas jornadas de escritura.
Respecto al rol de la cultura, expresa inquietud sobre su instrumentalización. La cultura oficial ha dejado de cuestionar el mundo para convertirse en trinchera que provoca a otra trinchera. Rechaza identificarse con esa categoría de "cultura oficial" y sus figuras canonizadas. La cultura auténtica debería interrogar la realidad, no reforzar posiciones ideológicas.
Con respecto a su obra más reciente, La venganza del Apóstol constituye la penúltima entrega de su saga sobre la Reconquista, con Granada como destino final. Se propuso un desafío formidable: novelar ocho siglos de historia en un contexto donde la palabra "Reconquista" era considerada políticamente inaceptable en España. No obstante, la considera una epopeya literariamente fascinante. Aunque rechaza cualquier narrativa simplista de buenos y malos, considera que este episodio merece ser contado y conocido. Se siente profundamente agradecida con las generaciones que lucharon por integrar España en el ámbito europeo, cristiano y democrático.
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