domingo, 26 de julio de 2026

Europa moviliza 800.000 millones para fortalecer su industria de defensa

5 de mayo de 2026
Rearme europeo
Rearme europeo

Europa ha transitado hacia una nueva realidad económica centrada en la defensa como eje de inversión pública. La situación en Ucrania, los requerimientos de la OTAN y la creciente incertidumbre sobre el compromiso estadounidense han posicionado el gasto militar como uno de los pilares de la política económica continental durante esta década.

Los números reflejan esta transformación: según el Consejo de la Unión Europea, el desembolso en defensa de los Estados miembros llegó a 343.000 millones de euros en 2024, proyectándose en 381.000 millones para 2025, lo que representa un incremento del 62,8% respecto a 2020. Paralelamente, las inversiones en defensa podrían alcanzar los 130.000 millones en 2025.

Más allá de las cifras presupuestarias, el rearme europeo representa una estrategia industrial. Las autoridades de Bruselas buscan que el aumento del gasto refuerce la capacidad productiva del continente y minimice las dependencias de tecnologías externas críticas. Con este propósito, la Comisión Europea ha lanzado ReArm Europe / Readiness 2030, una iniciativa que pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros, incorporando 150.000 millones en préstamos SAFE destinados a compras coordinadas en sectores como defensa aérea, drones, ciberseguridad, movilidad militar, espacio, inteligencia artificial y guerra electrónica.

La OTAN ha establecido objetivos aún más ambiciosos. Tras la cumbre de La Haya en 2025, los aliados se comprometieron a invertir el 5% del PIB anual en defensa y seguridad antes de 2035: un 3,5% dedicado específicamente a defensa y hasta un 1,5% para infraestructuras críticas, resiliencia, innovación y base industrial.

De gasto a motor económico

Diego Mazón, director general de The Grey, una consultoría especializada en seguridad y defensa, considera que este movimiento puede convertirse en un auténtico impulsor económico para Europa. Señala como referentes fundamentales el informe de Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad europea y el documento "Safer Together" del ex primer ministro finlandés Sauli Niinistö. Ambos textos, según Mazón, resultan esenciales para comprender la encrucijada actual y la dirección a seguir.

El informe Draghi integra la defensa en una agenda más amplia que abarca competitividad, inversión y autonomía estratégica europea, mientras que el documento de Niinistö aboga por una preparación civil y militar significativamente más robusta para la Unión. En este contexto, el gasto en defensa trasciende su carácter de simple coste para convertirse en política industrial.

Mazón lo expresa de la siguiente manera: "La industria de Defensa constituye por sí misma un motor de innovación, tecnología e industria convencional, pero en la actual coyuntura se convierte además en el instrumento mediante el cual Europa apuesta por su reindustrialización. Cada euro invertido en Defensa genera un retorno entre 2,3 y 3 euros, y produce empleo de alto nivel técnico con impacto considerable en la estructura industrial, dado que los productos finales son programas extraordinariamente complejos".

Ganadores identificables

El nuevo ciclo presenta beneficiarios claros. En el panorama europeo, destacan grandes corporaciones como Rheinmetall, Leonardo, Thales, Airbus, BAE, Saab e Indra. Sin embargo, el alcance económico es mucho más extenso. La producción de aviones, sistemas de defensa aérea, satélites o drones requiere una cadena de suministro diversificada: ingeniería, componentes electrónicos, sensores, software, materiales avanzados, comunicaciones seguras, mantenimiento, logística y servicios tecnológicos.

Mazón explica: "En Europa existe un número limitado de grandes empresas que actúan como motores sobre los cuales se sustentan los grandes programas. A partir de ahí, debería generarse un efecto multiplicador hacia empresas medianas y pequeñas, que en España constituyen la base principal del sector. Aunque estas grandes corporaciones son las ganadoras evidentes del rearme, si los procesos funcionan adecuadamente, las empresas de menor envergadura pueden obtener beneficios sustanciales".

Las oportunidades se extienden hacia sectores tradicionalmente alejados de la defensa. Mazón destaca particularmente el aeronáutico, el desarrollo de inteligencia artificial y computación cuántica, robótica, sistemas de misiles y vehículos sin tripulación, tanto aéreos como marítimos y terrestres.

La incógnita del origen del gasto

Una interrogante central es qué proporción de estos recursos permanecerá dentro de Europa. Bruselas desea fortalecer la industria comunitaria, pero la urgencia operativa obliga a adquirir fuera cuando no existen capacidades disponibles localmente. En este aspecto, Estados Unidos sigue siendo el proveedor principal.

Mazón advierte: "El enfoque europeo busca beneficiar a la industria europea, pero es evidente que hay capacidades que necesitamos de manera inmediata y que debemos adquirir en el extranjero, generalmente en EEUU. Subrayo que la prioridad es nuestra defensa, la protección de nuestras vidas, no el desarrollo industrial, que constituye la consecuencia de necesidades operativas para responder a amenazas".

Financiamiento y deuda

La cuestión del financiamiento permanece abierta. Mayor inversión en defensa implica mayor gasto público, lo que obligará a los gobiernos a elegir entre financiamiento mediante deuda, reasignaciones presupuestarias, fondos europeos o, posteriormente, aumentos tributarios. La Comisión Europea estima que un incremento gradual del gasto en defensa de hasta 1,5 puntos de PIB entre 2025 y 2028 podría elevar el PIB real de la Unión un 0,5% por encima de la proyección base en 2028, aunque también incrementaría la deuda pública en dos puntos de PIB.

Mazón rehúye proponer una solución única: "Un aumento presupuestario puede financiarse de múltiples formas, pero ese análisis corresponde más al ámbito de la economía. Supongo que los países con presupuestos generales del estado aprobados lo tienen algo más sencillo que aquellos que operan sobre proyecciones a largo plazo y compromisos de gasto distribuidos en años posteriores. Las hojas de cálculo lo permiten todo".

Entre las opciones ya en implementación figuran los fondos europeos. "Algunos países han recurrido a los fondos establecidos por la Comisión Europea, como los fondos SAFE, que financian proyectos y obligan necesariamente a consorcios con otros países europeos, lo cual facilita la búsqueda de capacidades conjuntas, un camino muy deseable", comenta.

Aceleración, no origen

Aunque Ucrania ha acelerado este cambio, no lo ha originado desde cero. La demanda de mayor gasto en defensa por parte de los europeos tiene raíces más profundas, remontándose al menos al compromiso del 2% del PIB promovido por la OTAN tras la anexión rusa de Crimea en 2014. Mazón lo recuerda: "Este impulso europeo hacia mayor soberanía, inversión y responsabilidad en su propia Defensa proviene de mucho antes que la guerra de Ucrania. Obama ya exigía en 2014 el 2% del PIB a los países europeos. La guerra de Ucrania ha acelerado un proceso en el que Europa venía rezagándose desde entonces".

Autonomía a largo plazo

La autonomía estratégica, sin embargo, no será inmediata. Europa desea reducir su dependencia de Washington, pero carece todavía de la escala tecnológica e industrial necesaria en áreas cruciales. Mazón insiste: "Nos queda un camino muy largo para independizarnos de EEUU, especialmente en lo tecnológico, donde Europa se encuentra años luz por detrás de estadounidenses y chinos. La situación actual nos encamina hacia un desarrollo de capacidades que nos hará progresivamente menos dependientes de EEUU, pero se trata de un proceso prolongado".

Advierte además sobre los riesgos de visiones simplistas: "Pensar que de repente Europa puede actuar sola no solo es absurdo sino contraproducente. Debemos continuar colaborando en la OTAN, que representa el vehículo de Defensa más sólido a escala global desde perspectivas operacional y doctrinal. Y la Unión debe fortalecerse para contribuir en ese marco, con EEUU, no contra EEUU".

El resultado depende de la ejecución

El rearme europeo constituirá indudablemente una prueba económica y política. Puede transformarse en una palanca para innovación, empleo especializado y reindustrialización, o convertirse en una factura creciente que incremente deuda y dependencia exterior. La diferencia residirá en cómo se ejecute el gasto. Si Europa compra rápidamente en el exterior, perderá buena parte del retorno; si coordina adquisiciones, refuerza cadenas de suministro y convierte la defensa en tecnología propia, el nuevo ciclo militar puede traducirse en fortaleza económica.

Como sintetiza el experto, es fundamental no perder de vista el objetivo final: "Lo que no conviene olvidar es que los usuarios finales de todo esto son los militares que tienen que defender nuestra libertad, nuestra seguridad y nuestro estado del bienestar, así que ese gasto en Defensa debe ser motor de libertad".

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