Sharon Donnery del BCE rechaza ampliar el mandato bancario para incluir competitividad

Sharon Donnery, integrante del Consejo de Supervisión Bancaria del Banco Central Europeo, ha manifestado su rechazo a la incorporación de objetivos de competitividad en el mandato de la institución. Donnery sostiene que la entidad debe preservar su orientación hacia la estabilidad de precios y la solidez del sistema financiero, conforme a su mandato vigente.
En declaraciones recogidas por medios especializados, Donnery subrayó que la estabilidad financiera constituye un pilar fundamental para el funcionamiento adecuado de cualquier economía. Según su perspectiva, asignar al BCE responsabilidades adicionales en materia de desarrollo del sector financiero podría comprometer la claridad de sus objetivos y dispersar sus esfuerzos.
La supervisora del BCE enfatiza que una vigilancia rigurosa del sistema bancario actúa como motor de competitividad. Bancos robustos con capacidad para resistir fluctuaciones económicas generan por sí mismos ventajas competitivas para la economía europea en su conjunto.
A pesar de las presiones del sector bancario para flexibilizar la regulación y fortalecer la posición de las entidades europeas frente a competidores estadounidenses y chinos, Donnery cuestiona esta lógica. Señala que en el plano normativo, los requisitos de capital para bancos europeos y estadounidenses son comparables. Más aún, advierte que adoptar ciertos estándares regulatorios estadounidenses en las instituciones europeas más grandes implicaría elevar sus exigencias de capitalización.
Donnery identifica las verdaderas limitaciones en la escala operativa y la capacidad de estos bancos para diversificar su oferta de servicios en múltiples mercados. Además, rechaza la premisa de que la regulación sea responsable del menor dinamismo europeo en inversión tecnológica e innovación. Por tanto, flexibilizar la supervisión no representaría una solución efectiva para este desafío.
Donnery mantiene su posición en defensa de la estabilidad frente a reducciones en los requisitos de capital, aunque reconoce la viabilidad de introducir ajustes que simplifiquen marcos regulatorios innecesariamente complejos. En su análisis, el BCE debe continuar priorizando la estabilidad de precios y la solidez financiera, elementos que resultan decisivos tanto para la industria bancaria como para la competitividad general de la economía europea.
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