Lagarde descarta medidas monetarias más severas del BCE ante la crisis en Oriente Próximo

Christine Lagarde, máxima responsable del Banco Central Europeo (BCE), declaró este lunes que la institución no ha detectado hasta ahora presiones inflacionarias ni consecuencias derivadas del conflicto en Oriente Próximo que exijan una intervención monetaria más severa. Sin embargo, subraya que el BCE ejercerá una supervisión rigurosa sobre la coyuntura y tomará decisiones conforme a la información disponible.
Durante su comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo en Bruselas, Lagarde puso de manifiesto que el impacto del conflicto reviste importancia y no debe minimizarse, ya que podría comprometer los objetivos institucionales del BCE. "Hasta este momento no observamos expectativas inflacionistas ni dinámicas de segunda ronda que respalden una acción de política monetaria más intensiva", expresó.
El organismo adoptará un criterio orientado por los datos y no establecerá de antemano una trayectoria predeterminada para los tipos de interés.
La máxima autoridad monetaria europea justificó la reciente decisión del Consejo de Gobierno de elevar los tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, el primer aumento desde septiembre de 2023, como respuesta a las tensiones inflacionarias generadas por el conflicto y el alza de costes energéticos. "Mediante este movimiento nos situamos en una posición sólida para gestionar la incertidumbre derivada de la guerra", manifestó Lagarde.
La dirigente del BCE informó que la institución examina tres escenarios potenciales sobre la trayectoria del conflicto y sus implicaciones para la economía y la inflación. En los tres casos analizados, justificó la decisión de incrementar los tipos. Simultáneamente, advirtió que el panorama económico permanece lleno de incertidumbres, con peligros inflacionarios orientados al alza y estimaciones de expansión económica ajustadas a la baja.
Las proyecciones del Eurosistema cifran la inflación en el 3% para 2026, el 2,3% en 2027 y el 2% en 2028. La expansión del PIB en la eurozona se desaceleraría hasta el 0,8% en el presente ejercicio, recuperándose posteriormente al 1,3% en 2027 y al 1,5% en 2028. Lagarde vincula estas tensiones fundamentalmente al incremento de los precios energéticos, que experimentaron una subida aproximada del 10% durante abril y mayo.
La presidenta del BCE precisó que la situación presente difiere de las turbulencias experimentadas tras la pandemia y la ofensiva militar rusa contra Ucrania, períodos en los que la economía contaba con respaldos de políticas monetarias y fiscales de naturaleza distinta. En cambio, indicó que "la inflación se encontraba en mayor proximidad con el objetivo y los estímulos no presentaban características expansivas".
Lagarde finalizó su intervención señalando que el BCE debe permanecer vigilante tras la ola inflacionista de 2022 y 2023, considerando que empresas y trabajadores podrían mostrar mayor susceptibilidad ante nuevas perturbaciones. Enfatizó las limitaciones inherentes a la política monetaria frente a estas situaciones y defendió la importancia de fortalecer la capacidad de resistencia de Europa, particularmente en materia energética. "La política monetaria no puede neutralizar completamente el impacto de tales perturbaciones. Resultará vital disminuir la exposición de la eurozona ante choques externos de oferta", concluyó.
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